Estrasburgo. La ciudad de los Erasmus.

Sin duda, una de las cosas que nos hacen considerarnos afortunados de nuestro instituto y de la Unión Europea es el concepto de Erasmus. Un Erasmus es algo qué, si se puede hacer, debería casi ser hasta obligatorio por la experiencia y aprendizaje que te llevas contigo.

Esta vez tocaba hacer un Erasmus bastante diferente a los que llevábamos hasta ahora, 14 días, solo 3 españoles conviviendo con franceses. Después de lo vivido, siempre es importante contarlo. Hoy venimos a contaros nuestra experiencia.

Desde nuestra llegada a Estrasburgo, un 9 de abril, ya nos sentimos metidos dentro de su mundo, gracias a que Chole, Lola, Darly y sus familias, nos acogieron con muchas ganas de enseñarnos sus vidas.

El primer día, después de llevarnos a conocer nuestras casas, vimos la champions, que es algo que nos une a todos los países de este continente.

A partir de ese día estuvimos yendo a su instituto, Lycée Marcel Rudloff, el más grande que habíamos visto en la vida, con su gran biblioteca, cafetería, laboratorios… Conociendo como funcionan allí, para luego intentar traerlo a España.

 

En su gran instituto conocimos cientos de cosas nuevas, pero lo que más nos
sorprendió de allí fue su clase para alumnos inmigrantes. Consistía en un aula
dedicada únicamente a enseñar a gente que había emigrado de otros países a
escribir, leer e incluso a aprender a hablar francés. Todos habían pasado situaciones muy complicadas, desde tener que llegar por el desierto viendo morir a familiares hasta tener los dedos rojos porque los profesores les pegaban en Afganistán. Cabe recalcar que incluso nos parecieron más alegres que la mayoría de personas que estaban allí, con una vida acomodada.

Dimos clases de todo tipo, desde deporte hasta español, conocimos a un montón de profesores, muchos de ellos súper agradables, poniendo orden mucho menos de lo que se pone en España.

 

Además de disfrutar de su instituto, tuvimos tiempo a lo largo de las dos semanas para poder visitar sitios del casco antiguo de Estrasburgo, donde casi nos morimos subiendo tantas escaleras, algunos vieron al equipo de baloncesto de Estrasburgo, otros estuvieron en reuniones familiares de culturas que desconocían por completo, jugamos nuestros típicos partidos de fútbol España vs Francia (donde naturalmente les vencimos…) y en general estuvimos disfrutando y visitando Alsacia.

 

Pero los mejores días, o por lo menos de los que más podemos contar, fueron el día del Parlamento Europeo.

Ese día, habíamos empezado yendo al instituto como de costumbre, pero esta vez para coger un tranvía que nos llevase al Parlamento. El mismo tranvía, nos llevó por el barrio alemán y pudimos ver por fuera la biblioteca de la ciudad. La cual a parte de tener mucha historia también era estética.

Llegamos al barrio europeo, donde están el Parlamento y otros edificios relacionados con Europa. Nos encontramos con otros alumnos de intercambio de Barcelona, con los que hicimos la visita del Parlamento. Todos coincidimos en que era muy interesante y espectacular. Aprendimos un montón sobre el Parlamento y sobre cómo funciona la política a nivel europeo y la importancia de la misma.

Para acabar este día, las profesoras nos habían preparado una gymkana por el barrio europeo para visitar con calma y al ritmo que quisiéramos todos los diferentes edificios del mismo y de paso aprovechar las vistas del río, los parques y las casas de la zona.

 

Y los dos días que tuvimos la suerte de visitar Alemania, en el primero pudimos ver el Rin, y un montón de granizo que nos hizo recordar la suerte que tenemos con nuestro clima… Aún así fue un día de muchísimo descubrimiento, y todavía quedaba el que sin duda fue uno de los mejores días de todos, para cerrar una experiencia tan grande, el Europa-park, el parque de atracciones más grande de Europa, donde estuvimos horas y horas hasta poder disfrutar de todo, un lugar ambientado en países y con atracciones que no habíamos visto nunca, fue sin duda un cierre por todo lo alto. A partir de ahí, tuvimos que irnos de vuelta a Madrid, llenos de nostalgia pero con ganas de poder volver a nuestro país, un país que hemos descubierto que nos gusta más cada vez que viajamos.

En relación a los horarios nos pareció bastante pesado, ya que por ejemplo en el caso de Chloe vivía a casi una hora del instituto y había algún día que se despertaba a las 6:40 y llegaba a casa a las 19:00, un horario que te hace más difícil mantener la atención en las últimas clases y también la imposibilidad de los jóvenes de practicar actividades extraescolares, y no solo eso, sino que cada alumno tiene su propio horario y cada semana lo turna con otro distinto, y así durante todo el año. Supongo que la forma en la que han intentado compensar esto ha sido poniendo dos semanas de vacaciones por cada seis semanas.

Considero que un sistema así y más en un instituto como en el que estuvimos tan grande hace que los jóvenes sean más responsables ya que también a lo largo del día tienen horas libres en las que no hacen nada y eso creo que les da una mayor independencia y madurez.

Fue, como ya hemos dicho, algo que no olvidaremos nunca, poder viajar de esta forma y descubrir tanto es sin duda el mayor regalo que nos puede hacer este instituto. ¡Viva viajar! y por supuesto ¡Qué vivan los Erasmus!

Unai González, Arturo Herrero y José Segura.

 

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