Decía Manuel Azaña: “El museo del Prado es lo más importante para España, más que la Monarquía y la República juntas”.
Es evidente que tenemos la mejor pinacoteca del mundo y así presumimos de ello mostrando a las invitadas danesas una parte de este patrimonio que pertenece a toda la humanidad y que nos enseña y reconforta el alma.
Desde La Anunciación de Fray Angélico, cuya narrativa nos habla de los orígenes religiosos, enfrentando lo selvático del paraíso y la expulsión del mismo de Adán y Eva, con la calidez del ángel y María, pasando por El Cristo de Velázquez, sublime estudio de anatomía y de espacio, y parados ante La mesa de los pecados capitales del Bosco y delante del Jardín de las delicias, reflexionamos sobre la conducta humana y lo efímero y frugal de la vida.
Pasamos también por el estudio de los cuerpos de Rubens, con Las tres Gracias y su bellísima historia de celos y envidias que condujo a los griegos a la guerra de Troya tras ese regalo envenenado de la manzana, ¡Qué curioso que sea otra vez una manzana el motivo de la discordia! Es evidente la repetición de determinados símbolos en diferentes mitologías o religiones. A todos nos gustan las manzanas, son sanísimas.
Y en esta turbulenta asociación de ideas dimos de lleno en la sala de las Pinturas negras de Goya, evolución de un artista que pasa de la alegría de los tonos pastel al desgarro de esos ocres, negros y deformidades en los rostros que allí se observan. Gracias a la profesora de latín, Helena Martínez, que con sus explicaciones nos transportaba a todos esos espacios míticos.
Otro hito en la pintura y que pudieron observar los alumnos fue El descendimiento de la cruz de Van der Weyden y por último cerramos la visita con el cuadro de todos los cuadros, la perfección en un marco: Las Meninas, gracias Velázquez.


Todo esto y mucho más aprendieron los alumnos y nuestras invitadas, no obstante dejamos algo, mucho, para próximas visitas, pues ya sabemos que es nuestra casa y a ella volveremos.
Y os preguntaréis ¿Cómo llegamos desde Moncloa al Prado?
Pues presumiendo de Madrid. Un paseíto por el Parque del Oeste hasta El Templo de Debod y desde allí en metro por las prisas.
Fue un día para el recuerdo y como siempre nuestros alumnos y alumnas han dado buena muestra de su saber estar, con un excelente comportamiento durante toda la actividad. La educación está también fuera del aula, mediante la interacción directa con obras de arte, con calles y con lugares tan maravillosos que estamos obligados a descubrir, proteger y cuidar.
Gracias a los 29 alumnos participantes, estamos seguras de que nuestras invitadas Mathilde y Katja han disfrutado, tanto o más que nosotras. Buen viaje de vuelta a Dinamarca.
Lily Escorcia.

